Kala, un modelo de madre
Lic. Claudia Novillo
Kala es la heroína de la película Tarzán. Es una gorila que se enfrenta el peligro y la muerte en pos de proteger la vida de un desvalido bebé humano que ha perdido a sus padres en medio de la selva. A pesar del rechazo incial de su comunidad y de las evidentes diferencias, Kala puede comprender y satisfacer las necesidades de ese bebé, convirtiendose así en su madre para siempre.
Ella es un personaje de ficción, pero somos muchas las mujeres que nos convertimos en madres sin panza.
Desde pequeñas, gestamos hijos a partir del deseo en nuestra imaginación. En el juego con muñecas dramatizamos aquellas situaciones que en un futuro ejerceremos. Imitamos y recreamos actividades propias del ser madre: cambiamos pañales, damos la mamadera, la teta, preparamos la comidita, acunamos y dormimos a los bebés, los llevamos a pasear. Y hasta un muñeco o almohadón debajo de la ropa vasta para mostrar con orgullo nuestra panza.
Luego la vida se encargará de mostrarnos que, por distintas razones, llevar un hijo en el vientre no es condición única para ser madre.
Es una realidad que dar a luz es sinónimo de concebir, gestar y parir hijos sangre de tu sangre. El embarazo y el parto son íconos en la vida de muchas mujeres. La valoración social y cultural es tal que su no logro puede vivirse como una desvalorización del propio género. Y si no, veamos todos las situaciones de dolor, sufrimiento, desencanto, desesperanza y padecimiento que solemos atravesar en la búsqueda y logro del embarazo.
Su costo es alto, pero al igual que Kala vamos en su búsqueda. Aunque no siempre podemos entender que ser madre no sólo es concebir. Ser madre es dar y favorecer el desarrollo de la vida.
Algunas gestan un hijo nueve meses en su panza. Otras tenemos el don de la crianza. Todas podemos ser madres, y eso es lo maravilloso de la vida.
Cuando atravesamos la situación de no poder gestar un bebé en nuestro vientre, nos sentimos privadas. Pero no siempre pensamos en los niños que hay sometidos, por diversas circunstancias, a la privación de una familia. Por eso considero que la adopción es una posibilidad y un encuentro de dos privaciones: ser madre biológica-ser hijo biológico, que se positiviza en el ser simplemente, madre e hijo.


